Hay una fuerza que me mueve,
y que siempre me ha movido, hacia ti.
Cuando miro tu rostro
tus labios se transforman en el centro del universo.
Todo gira en torno a ellos.
Todo vive en torno a ellos.
Tus labios le dan color al cosmos
y pintan las hojas,
rojas,
de sangre,
y de amor.
Las sombras.
Esas que cubren a menudo tus mejillas pecosas,
me envuelven,
envuelven mi mente en las capas de tu piel
y entre el ébano de tu pelo,
jugoso de energía.
A veces tu belleza infantil me parece insoportable,
me sofoca mirar tus líneas
de efímera juventud.
Me duele mirarte a través de esta estéril ventana,
de una estéril realidad,
y que más desquicia mis deseos inútiles.
Tu no necesitas flores, ni hojas,
ni primavera, ni lagos, ni cielos,
ni lunas, ni sol, ni árboles,
ni tierra.
Tú eres un jardín en el que los astros
florecen brillantes y la tierra nace por primera vez.
Y si vuelvo a verte así,
me ahorcaré con tu esplendor.
viernes, 3 de mayo de 2013
domingo, 3 de marzo de 2013
Si ahora la Muerte me alcanzara.
Si ahora la muerte me alcanzara
no quedaría nada,
no quedarían poemas malos
ni triunfos, ni fracasos.
No quedaría conocimiento alguno
ni siquiera de lo que,
se suponía,
era verdad.
No quedarían palabras,
ni siquiera aquellas que te dije una vez,
a orillas del mar.
No quedaría ni un mar,
ni un cristal,
ni un cangrejo azul.
No quedarían ni los amores
ni los odios.
No quedarían promesas incumplidas
ni tampoco lo que sí se alcanzó a cumplir.
Si ahora la muerte me alcanzara
no quedaría nada
ni luces,
ni colores.
No quedarían acordes rasguñados
ni rock&roll en mi guitarra.
No quedarían mujeres que aman
ni labios que esperan,
ni labios que modelan besos para amar.
No quedarían voces que juegan con discursos,
con tonos y pasiones.
No quedaría ninguna de las estériles alegrías,
ni siquiera melancolía alguna.
Si ahora la muerte me alcanzara
no quedaría nada,
sólo pequeños gusanos,
que vienen de pasada,
vienen y se van, y se van...
hasta el fondo de la noche.
no quedaría nada,
no quedarían poemas malos
ni triunfos, ni fracasos.
No quedaría conocimiento alguno
ni siquiera de lo que,
se suponía,
era verdad.
No quedarían palabras,
ni siquiera aquellas que te dije una vez,
a orillas del mar.
No quedaría ni un mar,
ni un cristal,
ni un cangrejo azul.
No quedarían ni los amores
ni los odios.
No quedarían promesas incumplidas
ni tampoco lo que sí se alcanzó a cumplir.
Si ahora la muerte me alcanzara
no quedaría nada
ni luces,
ni colores.
No quedarían acordes rasguñados
ni rock&roll en mi guitarra.
No quedarían mujeres que aman
ni labios que esperan,
ni labios que modelan besos para amar.
No quedarían voces que juegan con discursos,
con tonos y pasiones.
No quedaría ninguna de las estériles alegrías,
ni siquiera melancolía alguna.
Si ahora la muerte me alcanzara
no quedaría nada,
sólo pequeños gusanos,
que vienen de pasada,
vienen y se van, y se van...
hasta el fondo de la noche.
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