jueves, 9 de julio de 2015

En el Rincón.

Aun recuerdo los colores de tus mejillas,
se iluminaron de un rojo crepúsculo cuando me acerqué,
se iluminaron de amor cuando susurré tu nombre,
se iluminaron del sol,
cuando las besé por primera vez.
Me demoré en acercarme, lo admito.
Soy lento como un roble enamorado,
enamorado con una lentitud
que solo la tierra puede percibir.
Sin embargo, ese momento quedó grabado en aquel sillón,
grabado con fuego en el blanco de nieve del mueble.
No puedo negar que el fuego de nuestros labios me quemaba,
lo suficiente como para no olvidar los tuyos jamás.
Tus pequeños labios,
tan chicos que son esos,
tan de niña, tan huasitos,
tan rojitos, como el sol en la mas romántica de las puestas costeras,
en un atardecer de verano, perdido en la memoria del tiempo.
Cada vez que ocupe este sillón dejaré un espacio,
para este recuerdo,
que es como un pequeño dulce, que tú me regalaste,
una tarde soleada de junio,
cuando ya pensábamos que el mundo no era para nosotros.

2 comentarios:

  1. miren quien recordo que tenia un muy buen talento.

    saludos
    http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ing/lovecraf/los_amados_muertos.htm

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